Premios Soberano: ¿a quién le toca?:

 Cuando la trayectoria también debería pesar

Por: Daniel Jiménez

 

Premios Soberano - Wikipedia, la enciclopedia libre

 

Cada vez que se acerca una nueva edición de los Premios Soberano ocurre prácticamente lo mismo.

Comienzan las evaluaciones.

Empiezan a circular los nombres.

Aparecen los favoritos.

Surgen los debates.

Y, como sucede casi todos los años, regresan a la conversación figuras que llevan décadas construyendo una trayectoria dentro del arte y la comunicación dominicana y que, por una razón u otra, todavía parecen tener una cuenta pendiente con el máximo reconocimiento de nuestra premiación.

Y precisamente porque hablamos del premio artístico más importante del país, creo que vale la pena volver a formular una pregunta que llevo tiempo haciéndome:

¿Qué está evaluando realmente Acroarte?

No hago esta pregunta para restarle méritos a quienes han ganado.

Muchísimo menos para desconocer el trabajo que durante décadas ha realizado la Asociación de Cronistas de Arte.

Pero una premiación también tiene que ser capaz de mirarse a sí misma.

Y los Soberano necesitan hacerlo.

Después de la edición de 2026 escribí precisamente sobre esa sensación.

Hubo reconocimientos que consideré absolutamente justos.

El Gran Soberano otorgado a Jochy Santos, por ejemplo, me pareció el cierre de una deuda que la industria tenía pendiente con una figura que ha dejado escuela en la radio, la televisión y el entretenimiento dominicano.

Pero también hubo resultados que me hicieron cuestionar nuevamente los criterios utilizados para determinar quién hizo realmente el mejor trabajo durante el período evaluado.

Y ahí es donde quiero detenerme.

Porque hubo nominaciones de 2026 que, desde mi perspectiva, representaban perfectamente el trabajo realizado durante el año y que terminaron marchándose sin la estatuilla.

Martha Candela es uno de los ejemplos que más me llaman la atención.

 Martha Candela en los Premios Soberano: Todo lo que debes saber

Fue nominada como Revelación del Año después de un período de crecimiento, exposición y conexión con el público que justificaba perfectamente su presencia en la categoría.

Personalmente, entendía que tenía argumentos suficientes para ganar.

No ocurrió.

Otro caso fue Chévere Nights Live.

 

Milagros Germán descarta enfermedad tras someterse a estudios por supuesto  bulto en el pecho – El Nuevo Diario (República Dominicana) 

El regreso de una marca histórica de la televisión dominicana, encabezada nuevamente por Milagros Germán y adaptada a un formato de temporada, representó uno de los acontecimientos televisivos que, desde mi punto de vista, merecían mayor reconocimiento.

Fue nominado como Programa de Temporada.

Tampoco ganó.

Y entonces llegamos a Abriendo el Podcast, encabezado por Vian Araújo y Ricardo Rodríguez.

 Abriendo El Podcast🎙️ (@abriendoelpodcast) • Instagram photos and videos

Su nominación como Podcast del Año reconoció el crecimiento de un proyecto que ha logrado construir una identidad propia alrededor del deporte, combinando análisis, conversación y presencia digital.

También consideraba que tenía argumentos suficientes para llevarse la categoría.

Tampoco ocurrió.

Son cosas de la vida.

Y también son cosas de los Soberano.

Pero precisamente ahí aparece una de mis principales críticas al sistema de evaluación de Acroarte.

No me sorprendería que alguno de estos nombres vuelva a ser nominado en una edición futura y termine ganando.

Ojalá suceda.

Lo curioso sería que ocurriera después de un período de menor impacto que aquel en el que, a juicio de muchos, realmente merecía el reconocimiento.

Porque entonces inevitablemente aparecería la pregunta:

¿Qué cambió?

¿El trabajo?

¿Los números?

¿La calidad?

¿La competencia?

¿O simplemente cambió la valoración de quienes votan?

Ese es el problema cuando el criterio evaluativo no siempre resulta fácil de comprender desde fuera.

Hoy puedes tener uno de tus mejores años y perder.

Mañana puedes tener un año correcto y ganar.

Y entonces la estatuilla termina pareciendo, en ocasiones, más una compensación tardía que el reconocimiento al período que supuestamente se está evaluando.

No digo que siempre ocurra.

Pero la percepción existe.

Y una premiación tan importante como los Soberano debería preocuparse también por la percepción que generan sus decisiones.

Porque una cosa es evaluar quién tuvo el mejor año.

Y otra muy diferente es evaluar quién ha construido una trayectoria que merece ser reconocida.

Ahí aparece otra gran conversación.

Hay nombres que personalmente llevo tiempo esperando escuchar con mayor fuerza cuando se habla de los máximos reconocimientos.

Cecilia García.

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Domingo Bautista.

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Nelson Javier, “El Cocodrilo”.

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Felipe Polanco, “Boruga”.

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Y seguramente muchos otros.

No estoy diciendo que necesariamente uno de ellos tenga que recibir el Gran Soberano en la próxima edición.

Eso sería convertir una opinión personal en sentencia.

Lo que sí sostengo es que resulta difícil hablar de la historia del entretenimiento y la comunicación dominicana sin detenerse en carreras como esas.

Cecilia García representa una de las trayectorias más completas de nuestro arte.

Actuación.

Teatro.

Música.

Televisión.

Producción.

Décadas sobre los escenarios y una capacidad extraordinaria para atravesar generaciones sin que su nombre pierda peso.

No estamos hablando simplemente de longevidad.

Estamos hablando de permanencia con calidad.

Y existe una diferencia enorme entre ambas cosas.

Domingo Bautista representa otra escuela.

Hablar de televisión de entretenimiento en República Dominicana durante las últimas décadas sin mencionar su nombre sería prácticamente imposible.

Su estilo puede gustar más o menos, como sucede con cualquier figura de larga trayectoria.

Pero nadie puede negar su influencia, su capacidad para crear una identidad propia frente a las cámaras y su permanencia dentro de una industria donde desaparecer es muchísimo más fácil que mantenerse.

Algo parecido ocurre con Nelson Javier, “El Cocodrilo”.

Particularmente cuando ampliamos la mirada más allá de Santo Domingo.

Durante décadas ha sido una de las grandes figuras de la comunicación de Santiago y de toda la región Norte.

Y ahí también creo que Acroarte tiene una responsabilidad.

La historia de la comunicación dominicana no termina en la capital.

Reconocer el peso de las figuras regionales también significa reconocer que nuestra industria cultural se ha construido desde diferentes puntos del país.

Y entonces aparece Boruga.

Humorista.

Comunicador.

Actor.

Compositor.

Una figura perteneciente a una generación fundamental del humor dominicano y cuya obra ha logrado permanecer en la memoria colectiva.

¿Cuánto vale eso?

La pregunta parece sencilla.

Pero posiblemente sea una de las más difíciles que debe responder cualquier jurado.

Porque medir reproducciones es relativamente fácil.

Medir audiencia también.

Contabilizar conciertos, producciones, películas, obras teatrales o apariciones públicas puede hacerse.

Pero ¿cómo se mide la influencia?

¿Cómo se mide haber abierto un camino?

¿Cómo se mide permanecer durante cuarenta o cincuenta años en la memoria de un país?

Ahí es donde creo que comienza el verdadero desafío de Acroarte.

Los Soberano tienen que encontrar un equilibrio entre actualidad y trayectoria.

No se puede premiar únicamente un apellido porque históricamente haya sido importante.

Pero tampoco podemos comportarnos como si el entretenimiento dominicano hubiese comenzado hace cinco años.

Las nuevas generaciones merecen espacio.

Los talentos emergentes necesitan reconocimiento.

Los formatos han cambiado.

La industria también.

Pero reconocer lo nuevo jamás debería significar olvidar a quienes construyeron el camino.

Y existe otro problema que, desde mi perspectiva, Acroarte necesita enfrentar: la percepción de inconsistencia en los criterios.

Si una categoría se decide por impacto, entonces deberíamos saber qué significa impacto.

Si hablamos de audiencia, habría que determinar qué tipo de audiencia.

Si hablamos de vigencia, debemos definir cómo se mide.

Si hablamos de calidad, entramos inevitablemente en un terreno mucho más subjetivo.

Y si hablamos de trayectoria, entonces tenemos que preguntarnos cuánto debe pesar frente al trabajo realizado durante un año determinado.

No necesariamente significa publicar una fórmula matemática para elegir cada ganador.

El arte jamás podrá evaluarse de esa manera.

Pero mientras más transparente sea el criterio, mayor será la credibilidad del resultado.

Porque cuando durante las reuniones evaluativas aparecen constantemente determinados nombres y luego esos nombres desaparecen cuando llega el momento definitivo, inevitablemente el público comienza a preguntarse qué ocurrió en el camino.

Y cuando casos como Martha Candela, Chévere Nights Live o Abriendo el Podcast quedan pendientes después de períodos que parecían particularmente fuertes, la pregunta se vuelve todavía más interesante.

Quizás ganen después.

Quizás no.

Pero si algún día reciben el premio, será inevitable comparar el trabajo de ese momento con aquel por el cual estuvieron nominados y no ganaron.

Y ahí Acroarte tendrá que convivir nuevamente con la misma pregunta:

¿Qué estamos premiando realmente?

El Gran Soberano, particularmente, tiene una responsabilidad histórica.

Porque cada elección termina formando parte de la memoria cultural dominicana.

No se entrega únicamente una estatuilla.

Se está diciendo:

“Esta persona forma parte fundamental de nuestra historia”.

Y por eso creo que la selección merece una discusión mucho más profunda que determinar quién estuvo más pegado durante los últimos doce meses.

Me gustaría ver unos Soberano capaces de sorprender.

Pero sorprender no significa entregar un premio inesperado simplemente para generar conversación.

Significa reconocer a alguien y provocar que, cuando escuchemos su nombre, pensemos inmediatamente:

“Era justo”.

Eso fue precisamente lo que sentí con Jochy Santos.

Más allá de cualquier discusión sobre otros resultados de aquella ceremonia, su Gran Soberano produjo una sensación difícil de fabricar: la de una deuda finalmente saldada.

Ahora quedan otras.

Y posiblemente siempre quedarán.

Porque nunca habrá suficientes ediciones para reconocer a todas las figuras que han contribuido al arte y la comunicación dominicana.

Pero ahí está precisamente la responsabilidad de Acroarte.

Elegir.

Evaluar.

Comparar.

Argumentar.

Y, finalmente, decidir.

No sé quién será el próximo Gran Soberano.

Pero sí tengo mis candidatos.

Cecilia García merece estar en esa conversación.

Domingo Bautista merece estar en esa conversación.

Nelson Javier merece estar en esa conversación.

Boruga merece estar en esa conversación.

Y seguramente aparecerán otros nombres con argumentos igualmente sólidos.

Eso es saludable.

Lo importante es que el debate no termine convirtiéndose, año tras año, en una repetición de nombres que se mencionan, se ponderan y vuelven a guardarse para después.

Porque llega un momento en que la frase “algún día le tocará” deja de ser suficiente.

Lo mismo ocurre con las categorías competitivas.

No debería suceder que alguien tenga que perder durante su mejor año para después recibir el premio cuando finalmente “le toque”.

Los premios también construyen memoria.

Y cuando una institución posee el privilegio de decidir qué figuras serán reconocidas como parte fundamental de la historia cultural de un país, ese privilegio viene acompañado de una enorme responsabilidad.

Los Premios Soberano han sobrevivido cambios generacionales, transformaciones en la televisión, nuevos géneros musicales, nuevos formatos y una industria del entretenimiento completamente diferente a aquella que existía cuando nació la premiación.

Ahora les corresponde evolucionar también en la manera de evaluar.

Que gane quien lo merezca.

Sea joven o veterano.

Popular o clásico.

De Santo Domingo, Santiago o cualquier rincón del país.

Pero que, cuando se anuncie el nombre, podamos entender por qué ganó.

Porque quizás el mayor reconocimiento que puede recibir una premiación no sea la audiencia de su gala.

Es la credibilidad de sus decisiones.

Y esa también hay que ganársela todos los años.


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