De Mario Bros. a GTA V: la evolución de los videojuegos

Cuando jugar dejó de ser solo un juego
Por: Daniel Jiménez
Hablar de videojuegos es, inevitablemente, hablar de generaciones.
Cada una tiene sus consolas, sus personajes, sus historias y esos juegos que, con solo escuchar su música unos segundos, son capaces de transportarnos inmediatamente a otra época.
En mi caso, los videojuegos forman parte de mis recuerdos desde prácticamente que tengo uso de razón.
Jugué durante buena parte de mi infancia, adolescencia y juventud, hasta aproximadamente los años de la pandemia. Por eso, cuando observo en qué se ha convertido esta industria, inevitablemente siento cierta nostalgia.
Porque los videojuegos con los que crecí ya no son los mismos.
Y quizás nosotros tampoco.
Si queremos hablar de evolución, es imposible no comenzar recordando nombres como Atari, SEGA y, por supuesto, Nintendo.
Super Mario Bros., lanzado originalmente en 1985, ayudó a definir una época completa. Durante finales de los ochenta y principios de los noventa, aquel famoso fontanero vestido de rojo se convirtió en uno de los personajes más reconocibles de la cultura popular.
La fórmula parecía sencilla.
Correr.
Saltar.
Romper bloques.
Recoger monedas.
Rescatar a la princesa.
Pero detrás de aquella aparente sencillez había algo extraordinario: diversión.
Y eso bastaba.
Con los años, Mario fue creciendo junto con la tecnología. Pasó de aquellos mundos bidimensionales a escenarios tridimensionales cada vez más grandes, carreras, deportes, aventuras y prácticamente un universo completo construido alrededor del personaje.
Y sí, jugar con el famoso fontanero de rojo y overol sigue teniendo algo especial.
Pero mi historia con los videojuegos también tiene otro protagonista.
Grand Theft Auto.
Y particularmente un recuerdo familiar que todavía me causa gracia.
A principios de los 2000, mi hermano y yo jugábamos una de las entregas de Grand Theft Auto. Para nosotros aquello era simplemente un videojuego.
Hasta que llegó mi mamá.
En algún momento nos vio jugando, "robándonos" un vehículo y cayéndole a golpes a la gente dentro del juego.
No hubo análisis sobre libertad creativa.
No hubo discusión sobre clasificación por edades.
No hubo derecho a réplica.
El videojuego fue confiscado.
Y jamás volvimos a verlo.
Así terminó, por intervención materna, aquella primera etapa de mi relación con GTA.
Con el tiempo pude comprender perfectamente la preocupación. Grand Theft Auto siempre ha sido una franquicia dirigida a un público adulto y precisamente parte de su identidad consiste en permitir acciones que serían completamente inaceptables en el mundo real.
Pero aquella anécdota también demuestra cuánto han cambiado los videojuegos.
Pasamos de controlar unos cuantos píxeles en una pantalla a recorrer ciudades virtuales enormes donde podemos conducir, explorar, interactuar con personajes y tomar decisiones dentro de mundos cada vez más complejos.
Y ahí Grand Theft Auto V representa perfectamente otro extremo de esa evolución.
La diferencia entre los videojuegos de finales de los ochenta y una producción como GTA V es impresionante.
Ya no hablamos simplemente de "pasar niveles".
Hablamos de mundos abiertos.
Historias cinematográficas.
Actores interpretando personajes mediante captura de movimiento.
Estaciones de radio dentro del propio juego.
Economías virtuales.
Experiencias multijugador.
Actualizaciones constantes.
Y mundos que pueden permanecer activos durante años.
Los videojuegos comenzaron a acercarse cada vez más al cine, pero con una diferencia fundamental: aquí nosotros controlamos al protagonista.
Cuando un videojuego también cuenta una historia
Y si hablamos de esa evolución, sería injusto dejar fuera a God of War.
Es otra de esas franquicias que permiten observar perfectamente cómo cambió el videojuego con el paso de los años.
Quienes conocimos al Kratos de las primeras entregas recordamos un personaje dominado por la ira, la violencia y la venganza dentro de un universo inspirado en la mitología griega.
Era acción.
Era combate.
Era espectáculo.
Pero la franquicia también terminó evolucionando.
Con los años cambió de escenario, se adentró en la mitología nórdica y nos presentó a un Kratos mucho más complejo, convertido en padre y obligado a enfrentarse no solamente a dioses y criaturas, sino también a las consecuencias de su propio pasado.
Y eso también es evolución.
Porque cuando hablamos de cuánto han cambiado los videojuegos solemos pensar inmediatamente en gráficos más realistas, mejores consolas, controles más avanzados o mundos cada vez más grandes.
Pero la evolución también ocurrió en las historias.
Los videojuegos aprendieron a desarrollar personajes.
A construir emociones.
A generar vínculos.
A sorprender.
Y hasta a hacernos reflexionar.
God of War es, para mí, uno de los mejores ejemplos de esa transformación.
Ya no estamos hablando únicamente de tomar un control y derrotar enemigos.
Estamos hablando de historias capaces de acompañarnos durante decenas de horas y personajes cuya evolución podemos seguir durante años.
En ese sentido, el videojuego moderno encontró un punto de encuentro con el cine y la literatura.
Solo que aquí ocurre algo diferente.
Nosotros participamos en la historia.
Mi otra debilidad: los deportes
Pero si hay un territorio dentro de los videojuegos donde personalmente puedo hablar con cierta propiedad, es el deportivo.
Ahí sí me considero bastante bueno.
Bueno... en algunos.
Dos nombres ocupan un lugar especial para mí: MLB The Show y NBA 2K.
Son franquicias que representan perfectamente cómo evolucionaron los videojuegos deportivos.
Hubo un momento en que simplemente seleccionábamos un equipo y comenzábamos el partido.
Hoy prácticamente podemos administrar una franquicia completa.
Contratos.
Traspasos.
Estadísticas.
Desarrollo de jugadores.
Drafts.
Temporadas.
Carreras individuales.
Y una cantidad impresionante de elementos que intentan reproducir la experiencia del deporte profesional.
Pero antes de The Show también hubo otra saga que merece una mención especial.
MVP Baseball, de EA Sports.
Quienes jugamos béisbol virtual durante los primeros años de los 2000 sabemos perfectamente lo que significó.
MVP Baseball 2004 y especialmente MVP Baseball 2005 forman parte de una generación de videojuegos deportivos que todavía provoca nostalgia.
Y ahí es donde comienzo a entender algo.
Muchas veces no extrañamos únicamente un videojuego.
Extrañamos la época en la que lo jugábamos.
La consola.
El control.
La habitación.
Los hermanos o amigos con quienes jugábamos.
Las discusiones porque alguien escogía primero el mejor equipo.
El famoso "una más" después de perder.
Todo eso también forma parte de la experiencia.
Cuando jugar se convirtió en profesión
Quizás una de las transformaciones que más me sorprende es que los videojuegos dejaron de ser vistos únicamente como entretenimiento.
Hoy existe una industria competitiva alrededor de los esports.
Jugadores profesionales.
Equipos.
Entrenadores.
Patrocinadores.
Torneos internacionales.
Premios económicos.
Audiencias gigantescas.
Y competidores capaces de entrenar durante horas para perfeccionar movimientos, estrategias y tiempos de reacción.
Cuando yo venía creciendo, imaginar que alguien pudiera competir profesionalmente jugando videojuegos y ser tratado como un atleta de deportes electrónicos habría parecido una locura.
Hoy es una realidad.
Y quizás ese sea uno de los mejores ejemplos de lo que intento plantear en este artículo.
El videojuego evolucionó junto con nosotros.
Primero fue una máquina.
Después una consola.
Luego llegaron mundos tridimensionales cada vez más grandes.
Apareció el juego en línea.
Los videojuegos comenzaron a parecer películas.
Después llegaron los deportes electrónicos.
Y ahora estamos entrando en otra etapa.
¿Qué viene después?
La inteligencia artificial ya está comenzando a transformar numerosas industrias, y resulta difícil imaginar que los videojuegos serán una excepción.
Quizás en el futuro los personajes controlados por la computadora no repitan simplemente un grupo limitado de respuestas.
Tal vez puedan conversar naturalmente con nosotros.
Recordar decisiones anteriores.
Modificar su comportamiento.
Construir historias diferentes para cada jugador.
Quizás los mundos virtuales puedan generarse mientras los exploramos.
O una historia cambie completamente dependiendo de nuestra personalidad y de cientos de pequeñas decisiones tomadas durante el juego.
Si observamos cuánto avanzamos desde Atari, SEGA y los primeros Super Mario Bros. hasta producciones gigantescas como Grand Theft Auto V o narrativas como la de God of War, resulta prácticamente imposible predecir dónde estaremos dentro de otros treinta o cuarenta años.
Y eso es precisamente lo fascinante.
Yo crecí viendo cómo un personaje formado por unos cuantos píxeles terminó convirtiéndose en un universo completo.
Vi cómo los juegos deportivos pasaron de partidos relativamente sencillos a simuladores capaces de reproducir buena parte de la experiencia de administrar un equipo profesional.
Vi cómo jugar con otra persona dejó de significar necesariamente sentarse junto a ella frente al mismo televisor.
Vi cómo los videojuegos comenzaron a contar historias con una profundidad que alguna vez parecía reservada al cine.
Y vi cómo aquello que durante nuestra infancia era simplemente una forma de pasar la tarde terminó convirtiéndose en una industria cultural, tecnológica y competitiva de dimensiones gigantescas.
Por eso, cuando pienso en la evolución de los videojuegos, inevitablemente siento nostalgia.
Pero no una nostalgia negativa.
Es más bien la sensación de haber podido presenciar una transformación extraordinaria.
Los videojuegos con los que crecimos ya no son los mismos.
Y es normal.
La tecnología cambia.
Las generaciones cambian.
Nosotros cambiamos.
Pero hay algo que probablemente permanezca intacto: esa sensación de tomar un control, comenzar una partida y, durante un rato, entrar en otro mundo.
Y después de haber visto semejante evolución, solo me queda una pregunta:
Si pasamos de Atari, SEGA y Mario Bros. a mundos como GTA V y a historias como God of War, ¿cómo serán los videojuegos del futuro cuando la inteligencia artificial y las próximas generaciones de tecnología alcancen todo su potencial?
No tengo la respuesta.
Probablemente nadie la tenga todavía.
Pero será fascinante que las generaciones posteriores puedan descubrirla.
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