Para pelear se necesitan dos
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El amor también necesita reciprocidad
Por: Daniel Jiménez
Febrero de 2022 — Actualizado en 2026
Hace algunos años, escuchando una conversación en El Mañanero, una frase se quedó conmigo:
“Para pelear se necesitan dos”.
La expresión utilizaba el boxeo como metáfora de las relaciones de pareja. No importa qué tan preparado esté uno de los dos: si escogemos mal al contrincante o estamos peleando completamente fuera de nuestra categoría, difícilmente tendremos una buena pelea.
En aquel momento llevé esa reflexión directamente al terreno económico y social.
Hoy, varios años después, sigo estando de acuerdo con la esencia de aquella idea, pero probablemente la interpreto de una manera diferente.
Porque quizás el problema no sea estar “fuera de peso”.
Quizás el verdadero problema sea intentar construir una relación donde solamente una persona está dispuesta a pelear por ella.
Primero hay que conocer a la persona
Siempre he sido bastante chapado a la antigua en determinados aspectos del amor.
Creo en cortejar.
Creo en los detalles.
Creo en demostrar interés.
Creo en recordar cosas que para la otra persona son importantes.
Y sigo pensando que, cuando alguien verdaderamente nos interesa, debemos intentar conocerlo.
¿Qué le gusta comer?
¿Qué música escucha?
¿Qué películas disfruta?
¿Le gusta leer?
¿Qué cosas la hacen reír?
¿Qué quiere conseguir en la vida?
¿Cuáles son sus sueños?
¿Cuáles son sus límites?
¿Cuáles son sus valores?
Conocer a alguien no debería parecer una investigación policial, naturalmente.
Se trata de prestar atención.
Porque existe una enorme diferencia entre estar atraído por una persona y conocer realmente a esa persona.
Y muchas veces nos enamoramos primero de una imagen.
Después descubrimos al ser humano.
El miedo a no estar “a su nivel”
Aquí aparece una parte particularmente personal de aquella reflexión de 2022 que todavía reconozco en mí.
La diferencia de clases sociales puede intimidar.
Especialmente cuando la persona que nos interesa parece tener una vida económicamente mucho más resuelta.
Entonces comienzan las preguntas.
¿Podré estar a su nivel?
¿Podré ofrecerle lo suficiente?
¿Encajaré en su mundo?
¿Tendremos estilos de vida demasiado diferentes?
¿Podré complacerla?
Durante mucho tiempo he pensado en esas cosas.
Y probablemente todavía aparezca alguna de esas inseguridades de vez en cuando.
Pero hay algo que ahora veo diferente.
Una cuenta bancaria no determina por sí sola el valor que una persona aporta a una relación.
Evidentemente, el dinero importa.
Sería ingenuo decir lo contrario.
Las diferencias económicas pueden afectar estilos de vida, planes, expectativas e incluso la manera en que dos personas imaginan su futuro.
Pero una relación no es una transacción financiera.
Una persona también aporta compañía.
Conversación.
Lealtad.
Inteligencia.
Humor.
Respeto.
Apoyo.
Ambición.
Afecto.
Estabilidad emocional.
Y algo que ningún dinero puede comprar por sí solo:
la voluntad genuina de estar ahí.
¿Qué significa realmente “pelear en el mismo peso”?
Por eso hoy utilizaría de otra manera aquella metáfora del boxeo.
Estar en la misma categoría no significa necesariamente tener exactamente el mismo salario.
Ni vivir en el mismo sector.
Ni conducir vehículos parecidos.
Ni pertenecer al mismo círculo social.
Para mí significa que ambos puedan mirarse como iguales.
Dos personas que se admiran.
Que se respetan.
Que tienen algo que aportar.
Que desean conocerse.
Y, sobre todo, que están dispuestas a realizar un esfuerzo parecido para construir algo.
Porque aquí sí considero que la frase original conserva toda su fuerza:
para pelear se necesitan dos.
Puedes ser extraordinariamente detallista.
Puedes aprenderte sus canciones favoritas.
Puedes conocer su comida preferida.
Puedes enviar mensajes.
Invitar.
Escuchar.
Acompañar.
Intentar conquistar.
Pero llega un momento donde necesariamente tiene que existir una respuesta del otro lado.
De lo contrario, no estamos construyendo una relación.
Estamos persiguiendo una posibilidad.
Y son cosas muy diferentes.
Ir “all in”, pero con inteligencia
En 2022 escribí que, cuando un hombre realmente quiere conocer a una mujer, tiene que intentar ir all in.
Todavía me gusta la expresión.
Pero hoy le agregaría algo:
all in no significa perderse a uno mismo.
Demostrar interés no significa aceptar cualquier cosa.
Ser detallista no significa comprar afecto.
Insistir no significa ignorar un no.
Cortejar no significa perseguir eternamente a alguien que no demuestra el mismo interés.
Y enamorarse tampoco debería significar cerrar los ojos ante señales evidentes de incompatibilidad.
Podemos conocer varias personas durante nuestra vida.
Algunas nos gustarán muchísimo.
Con algunas imaginaremos cosas que finalmente nunca ocurrirán.
Otras podrán decepcionarnos.
Y quizás aparezca alguien completamente diferente a lo que habíamos imaginado.
Parte de madurar sentimentalmente consiste precisamente en aprender a diferenciar lo que queremos que una relación sea de lo que realmente es.
No existen garantías
Tampoco creo que exista una fórmula capaz de evitar completamente una decepción amorosa.
Podemos escoger cuidadosamente.
Podemos conocer durante meses a una persona.
Podemos creer que entendemos perfectamente sus intenciones.
Y aun así equivocarnos.
Eso forma parte de las relaciones humanas.
No podemos eliminar completamente el riesgo.
Lo que sí podemos hacer es intentar no entrar ciegamente.
Observar.
Escuchar.
Conocer.
Y prestar atención a algo particularmente importante:
la reciprocidad.
Si siempre escribe uno.
Si siempre invita uno.
Si siempre pregunta uno.
Si siempre busca uno.
Si siempre intenta resolver uno.
Entonces quizás no tenemos una relación.
Tenemos una persona intentando construirla.
Cuatro años después
Volver sobre una reflexión escrita en febrero de 2022 también me permite descubrir cómo algunas ideas permanecen mientras otras evolucionan.
Sigo creyendo en el cortejo.
Sigo creyendo en los detalles.
Sigo pensando que conocer profundamente a una persona importa.
Y sigo reconociendo que las diferencias económicas y sociales pueden provocar inseguridades cuando nos interesa alguien que aparentemente se encuentra en una posición muy distinta a la nuestra.
Pero hoy agregaría algo que quizás en aquel momento no tenía tan claro:
no necesito convertirme en otra persona para merecer estar al lado de alguien.
Sí necesito crecer.
Prepararme.
Trabajar.
Construir estabilidad.
Mejorar aquello que pueda mejorar.
Pero eso debería hacerlo fundamentalmente por mí.
Después, si aparece alguien con quien compartir ese camino, maravilloso.
Porque probablemente la mejor pareja no sea aquella que encontramos después de demostrar que estamos “a su nivel”.
Sea aquella frente a la cual ninguno de los dos necesite demostrar permanentemente que merece estar allí.
Y por eso regreso una vez más al boxeo.
Puedes entrenar muchísimo.
Puedes tener una gran estrategia.
Puedes subir al cuadrilátero dispuesto a darlo todo.
Pero una pelea necesita dos esquinas.
Y una relación también.
Porque para pelear se necesitan dos.
Y para construir algo juntos, también.
Referencia de la reflexión original: El Mañanero Radio, febrero de 2022.
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