El valor de llegar preparado a una oportunidad inesperada


Ilustración del concepto de oportunidad, estilo de dibujos animados | Vector Premium 

El éxito es una mezcla de preparación y suerte 

 Por: Daniel Jiménez 

 

Las oportunidades tienen una característica particular: casi nunca avisan cuándo van a llegar.

Podemos tener planes, objetivos, sueños y hasta imaginar cómo quisiéramos que ocurrieran determinadas cosas. Sin embargo, muchas de las oportunidades que terminan marcando nuestra vida aparecen de una manera completamente diferente a como las habíamos imaginado.

Una llamada.

Un mensaje.

Una conversación.

Una invitación.

Alguien que recuerda nuestro nombre en el momento indicado.

Y de repente aparece una puerta que horas antes ni siquiera sabíamos que existía.

Con el tiempo he comenzado a entender que quizás uno de los mayores errores que podemos cometer es esperar a que aparezca esa oportunidad para comenzar a prepararnos.

Porque cuando finalmente llega, puede ser demasiado tarde.

La preparación debe comenzar mucho antes.

Incluso cuando todavía no sabemos exactamente para qué nos estamos preparando.

Ejercitar la mente

Siempre he creído que la preparación no necesariamente ocurre dentro de un aula.

Naturalmente, estudiar es importante.

Formarse profesionalmente también.

Pero existe otro tipo de preparación mucho más silenciosa que podemos realizar todos los días: ejercitar nuestra mente y nuestro intelecto.

Leer.

Escribir.

Investigar.

Escuchar.

Observar.

Conversar.

Aprender sobre temas diferentes.

Cuestionarnos cosas.

Intentar comprender aquello que desconocemos.

En mi caso particular, he tratado de convertir esa curiosidad en una especie de ejercicio permanente.

No soy una persona que pueda decir que durante toda su vida ha leído un libro detrás de otro. Sin embargo, desde hace un tiempo he intentado leer más, investigar más y acercarme a temas que anteriormente quizás no habría explorado.

Finanzas.

Conducta humana.

Comunicación.

Historia.

Cine.

Tecnología.

Cultura.

Deportes.

No necesariamente porque vaya a convertirme en especialista en cada una de esas áreas.

Lo hago porque considero que la mente también necesita entrenamiento.

Y mientras más herramientas tengamos, mayores serán nuestras posibilidades de utilizarlas cuando aparezca el momento indicado.

A veces aprendemos algo hoy sin saber para qué nos servirá.

Cinco años después aparece la respuesta.

Prepararse sin saber cuándo llegará el momento

Hay una idea que me parece importante aclarar.

Estar preparado no significa saberlo todo.

Eso es imposible.

Tampoco significa que cuando aparezca una oportunidad desaparecerán los nervios, las dudas o el miedo a equivocarnos.

Para mí significa algo mucho más sencillo:

tener herramientas suficientes para poder responder.

Y cuando observo algunas de las oportunidades que he recibido durante mi propio recorrido, encuentro precisamente eso.

Personas.

Instituciones.

Experiencias.

Gente que, en determinados momentos de mi vida, decidió confiar, abrir una puerta, enseñar algo o simplemente acompañar un proceso que después terminaría siendo importante para lo que soy actualmente.

Una de esas primeras figuras ha sido Paula Disla.

 Paula Disla: "El teatro siempre ha estado ahí para salvarme"

Su presencia dentro de mi recorrido representa una de esas conexiones que permiten comprender el valor que puede tener una persona cuando decide abrirle una puerta a otra y apostar por sus capacidades.

Pero inmediatamente después tengo que detenerme en una etapa fundamental de mi vida:

la Fundación Yo También Puedo.

 Yo Tambien Puedo (@yotambienpuedo) • Instagram photos and videos

Y particularmente en María Esperanza Haché, Perla Coral de los Santos y todo el equipo que durante años ha formado parte de esa experiencia.

 María Esperanza Haché Handal Noboa| Embajadora de Esperanza 🇩🇴💚 (@mariaesperanzahh) • Instagram photos and videos

Porque en este caso no puedo hablar únicamente de oportunidades.

Tengo que hablar de crecimiento.

De formación.

De experiencias.

Y, sobre todo, de desarrollo humano.

María, Perla y todo ese equipo han sido parte fundamental de mi desarrollo como ser humano. Mucho antes de pensar únicamente en trabajos, medios de comunicación, artículos o proyectos profesionales, hubo experiencias que ayudaron a construir seguridad, disciplina, relaciones humanas y una manera determinada de enfrentar nuevos retos.

Y con los años he entendido que eso también significa prepararse.

A veces creemos que preparación significa exclusivamente acumular títulos, cursos o conocimientos.

No.

También nos preparan las personas.

Nos prepara aprender a convivir.

Nos prepara trabajar junto a otros.

Nos prepara subirnos a un escenario.

Nos prepara asumir responsabilidades.

Nos prepara descubrir capacidades que quizás nosotros mismos desconocíamos.

Y existen personas que, sin saber exactamente qué ocurrirá diez años después, ayudan a colocar piezas que terminan siendo fundamentales en nuestra construcción.

Para mí, Yo También Puedo, María Esperanza Haché, Perla Coral de los Santos y todo su equipo representan precisamente eso.

La Tía Nancy y aprender desde dentro

 La Tía Nancy (@latianancy) • Facebook

Después aparece la Tía Nancy.

A través de ella he podido acercarme a experiencias vinculadas a la televisión, los contenidos y la producción. Espacios donde uno descubre rápidamente que aquello que el público finalmente ve frente a una pantalla representa apenas el último eslabón de muchísimo trabajo que ocurre detrás.

Y precisamente esas experiencias también preparan.

Porque cada reunión enseña.

Cada producción enseña.

Cada error enseña.

Cada escenario enseña.

Y cada conversación con alguien que lleva años trabajando en un área determinada puede convertirse en una clase que no aparece en ningún programa académico.

A veces las oportunidades más importantes no son necesariamente aquellas que producen un resultado inmediato.

Son aquellas que nos permiten entrar.

Observar.

Aprender.

Entender cómo funciona un determinado mundo desde dentro.

Y posteriormente utilizar ese conocimiento cuando aparezca la siguiente puerta.

José Rafael Sosa y el valor de escribir

 Adompretur reconocerá a José Rafael Sosa, periodista, escritor y promotor de la literatura | Acento

Otro nombre fundamental dentro de este recorrido ha sido José Rafael Sosa.

La oportunidad de publicar mis artículos me ha permitido desarrollar algo que considero especialmente importante dentro de mi formación como comunicador: encontrar progresivamente una voz propia.

Porque escribir frecuentemente obliga a pensar.

Y pensar obliga a observar.

Cuando uno sabe que tiene que sentarse frente a una página en blanco y construir una opinión, comienza a mirar de manera diferente aquello que ocurre alrededor.

Una película puede convertirse en un artículo.

Un libro puede generar una reflexión.

Una transformación tecnológica puede provocar una pregunta.

Una experiencia profesional puede convertirse en una historia.

Incluso una conversación aparentemente cotidiana puede terminar provocando una idea.

Escribir también es ejercitar la mente.

Y cada artículo escrito, publicado o incluso descartado forma parte de una preparación cuyo destino final muchas veces desconozco.

Quizás alguna de esas ideas me abra una puerta mañana.

Quizás dentro de diez años.

O quizás nunca.

Pero el conocimiento adquirido mientras la desarrollaba ya permanece conmigo.

Y entonces aparece otra puerta

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Más recientemente apareció Wendy Queliz.

 Estudio Teatro Wendy Queliz, una comunidad apasionada y diversa de amantes del teatro. Nuestra misión es formar conocedores y creadores del fenómeno teatral, impulsados ​​por la inclusión, la exploración creativa y el

Una nueva experiencia.

Otro ambiente.

Otras personas.

Otra oportunidad para aprender.

Y eso me ha llevado nuevamente a pensar en la cantidad de veces que nuestra vida puede cambiar simplemente porque nuestros caminos coinciden con los de otra persona.

Cuando miro hacia atrás aparecen nombres y espacios que pertenecen a momentos diferentes de mi historia:

Paula Disla.

La Fundación Yo También Puedo.

María Esperanza Haché.

Perla Coral de los Santos y todo su equipo.

La Tía Nancy.

José Rafael Sosa.

Wendy Queliz.

Y otras personas que han aparecido en diferentes momentos de mi recorrido.

Cuando miro esos nombres en conjunto, no veo simplemente una lista de contactos u oportunidades profesionales.

Veo parte de mi historia.

Algunos estuvieron vinculados directamente con mi crecimiento humano.

Otros aparecieron posteriormente en mi desarrollo profesional.

Algunos me permitieron descubrir capacidades.

Otros me dieron espacios donde ponerlas a prueba.

Y probablemente cada etapa hizo posible la siguiente.

Eso también me ha enseñado que no necesariamente podemos comprender una oportunidad mientras la estamos viviendo.

Hay experiencias cuyo verdadero valor descubrimos varios años después.

La importancia de las relaciones humanas

También sería ingenuo hablar de oportunidades sin mencionar las relaciones.

Podemos prepararnos muchísimo, pero vivimos en sociedad.

Las oportunidades muchas veces llegan a través de otras personas.

Alguien recomienda nuestro nombre.

Alguien recuerda un trabajo que hicimos.

Alguien nos invita.

Alguien decide confiar.

Alguien piensa que podemos aportar.

Por eso considero que construir relaciones humanas auténticas también forma parte del camino.

No me refiero a acercarnos a las personas pensando exclusivamente en qué podemos obtener de ellas.

Eso, tarde o temprano, se nota.

Me refiero a construir relaciones desde el respeto, el trabajo, la confianza y la reciprocidad.

Porque nunca sabemos quién puede convertirse mañana en una pieza importante de nuestra historia.

Y tampoco sabemos cuándo nosotros podemos convertirnos en esa persona para alguien más.

La preparación no garantiza la oportunidad

Aquí aparece una realidad que también debemos aceptar.

Podemos prepararnos extraordinariamente bien y aun así una oportunidad puede no llegar.

O puede llegar y no funcionar.

Podemos hacer todo correctamente y perder.

Podemos tocar una puerta y recibir un no.

Podemos enviar una propuesta que nunca sea respondida.

Podemos estar preparados para un proyecto que finalmente se cancela.

La preparación no controla el mundo.

Y ahí entra un elemento que muchas veces nos cuesta reconocer:

la suerte.

Estar en el lugar correcto.

Conocer a determinada persona.

Recibir una llamada determinada.

Que alguien vea nuestro trabajo justamente ese día.

Que una vacante aparezca cuando estamos disponibles.

Que dos caminos coincidan.

Hay cosas que simplemente no podemos controlar.

Y mi propio recorrido me ha demostrado varias veces que una oportunidad puede surgir precisamente de una coincidencia que jamás estuvo dentro de los planes.

Pero existe una diferencia enorme entre tener suerte estando preparados y tener suerte sin estarlo.

Porque la suerte puede abrir una puerta.

Lo que hagamos después de que se abra depende mucho más de nosotros.

Cuando finalmente llega

Por eso intento mantenerme activo intelectualmente.

Seguir escribiendo.

Seguir leyendo.

Seguir aprendiendo.

Seguir observando.

Seguir involucrándome en proyectos diferentes.

No porque sepa exactamente cuál será mi próxima oportunidad.

Precisamente porque no lo sé.

Quizás llegue dentro de un proyecto de comunicación.

Quizás mediante la escritura.

Tal vez en televisión.

En producción.

En teatro.

O en algo que actualmente ni siquiera estoy contemplando.

Esa incertidumbre, lejos de detenerme, debería ser precisamente una razón para continuar preparándome.

Porque uno nunca sabe qué conocimiento aparentemente insignificante puede terminar siendo exactamente aquello que necesite cuando llegue el momento.

Y mirando hacia atrás comienzo a comprender que muchas experiencias que parecían independientes quizás estaban construyendo algo en conjunto.

Una conversación aquí.

Un proyecto allá.

Una persona que confió.

Un artículo.

Una experiencia.

Un aprendizaje.

Una puerta.

Después otra.

Todavía no sé hasta dónde conducirá todo eso.

Y creo que está bien no saberlo.

Lo importante es intentar estar preparado cuando aparezca la próxima.

Porque las oportunidades inesperadas tienen algo curioso:

no podemos decidir cuándo llegan, pero sí podemos trabajar para decidir en qué condiciones nos encuentran.

Y quizás esa sea una de las principales lecciones que me ha dejado hasta ahora mi propio recorrido.

No todo depende de nosotros.

Pero tampoco todo depende de la suerte.

Hay una parte que podemos trabajar todos los días.

Prepararnos.

Aprender.

Crear.

Equivocarnos.

Volver a intentarlo.

Conocer personas.

Aprovechar los espacios que se presentan.

Y cuando finalmente aparezca esa oportunidad que no esperábamos, procurar que no nos encuentre comenzando desde cero.

Por eso, después de las personas que he conocido, de las puertas que se han abierto, de aquellas que todavía permanecen cerradas y de todo lo que aún me queda por aprender, cada vez estoy más convencido de una idea.

Una frase sencilla que resume perfectamente todo lo que intento plantear en este artículo:

“El éxito es una mezcla de preparación y suerte”.

 

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