¿Es Ramón Orlando el mejor arreglista popular de República Dominicana?

Ramón Orlando: "Tenemos emisoras exclusivas de todos los géneros, menos de merengue"

 

  El maestro detrás de la música

Por: Daniel Jiménez

 

¿Es Ramón Orlando el mejor arreglista popular de República Dominicana?

La pregunta puede generar inmediatamente un debate.

Y quizás esa sea precisamente la intención.

Porque cuando hablamos de música dominicana existen nombres cuya importancia trasciende las canciones que interpretaron. Son artistas que no solamente estuvieron delante de un micrófono, sino que ayudaron a construir el sonido de generaciones completas.

Y, a mi juicio, Ramón Orlando pertenece a ese grupo.

Cantante.

Pianista.

Músico.

Compositor.

Productor.

Merenguero.

Baladista.

Y, sobre todo, arreglista.

Resulta difícil encontrar dentro de la música popular dominicana una figura que haya desempeñado tantas funciones y que, al mismo tiempo, haya dejado una huella importante en cada una de ellas.

Por eso siempre me ha llamado la atención que muchas veces, cuando hablamos de Ramón Orlando, pensamos primero en el intérprete.

En sus merengues.

En sus baladas.

En la Orquesta Internacional.

En canciones que forman parte de la memoria musical de varias generaciones.

Pero existe otro Ramón Orlando.

El que quizás el público común no siempre ve.

El músico detrás de los músicos.

Y posiblemente ahí se encuentre una de las dimensiones más impresionantes de su carrera.

Una historia que comenzó en familia

Para entender a Ramón Orlando también hay que entender de dónde viene.

Es hijo de Cuco Valoy.

Valoy, Cuco – Diccionario Cultural Dominicano 

Y eso no es un dato menor.

Cuco pertenece a una generación fundamental de la música popular dominicana y alrededor de aquella familia comenzó a construirse una verdadera escuela musical.

Ramón creció dentro de ese ambiente.

Desde muy joven estuvo involucrado en las agrupaciones de su padre, primero dentro de Los Virtuosos y posteriormente en La Tribu de Cuco Valoy, desempeñándose como pianista, cantante, compositor y arreglista.

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Es decir, antes de convertirse en una figura reconocida por derecho propio, ya estaba aprendiendo la música desde dentro.

No únicamente cómo interpretarla.

También cómo construirla.

Porque una cosa es cantar una canción.

Otra es componerla.

Y otra muy diferente es escuchar una pieza prácticamente desnuda y comenzar a imaginar qué debe hacer el piano, cuándo deben entrar los metales, dónde debe aparecer la percusión, qué armonías necesita y cómo conseguir que todos esos elementos terminen convirtiéndose en una sola obra.

Ahí aparece el arreglista.

Y ahí aparece Ramón Orlando.

El hombre detrás de cientos de canciones

Existe un dato que permite dimensionar su trabajo.

A Ramón Orlando se le atribuyen arreglos en más de dos mil merengues de diferentes agrupaciones. Hubo períodos de tal demanda que llegó a realizar cientos de arreglos musicales durante un mismo año.

Detengámonos un momento en eso.

Dos mil.

Eso significa que posiblemente muchos dominicanos hemos bailado, cantado o escuchado durante nuestras vidas canciones que llevan alguna huella musical de Ramón Orlando sin siquiera saberlo.

Y quizás ahí esté parte de la grandeza de un arreglista.

Muchas veces su trabajo no aparece en primer plano.

El público recuerda al cantante.

Recuerda el coro.

Recuerda la orquesta.

Pero detrás existe alguien que decidió cómo debía sonar aquello.

Ramón trabajó con numerosos artistas y agrupaciones durante una de las épocas más competitivas del merengue dominicano.

Uno de los ejemplos más conocidos es “Volveré”, inmortalizada en la voz de Rubby Pérez, cuyo arreglo musical fue realizado por Ramón Orlando.

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Años después también encontramos “Perro ajeno”, igualmente interpretada por Rubby, donde Ramón tuvo participación tanto como autor como arreglista.

Pero la lista continúa.

Para Miriam Cruz escribió canciones como “La loba” y “Esa loca”.

 Miriam Cruz (@miriamcruzoficial) • Instagram photos and videos

Para Anthony Santos aparecen composiciones como “Creíste” y “Me enamoro”.

 Bachata urbana con Anthony Santos - Diario Libre

Y su trabajo como arreglista y productor se extendió por una enorme cantidad de proyectos de la música popular dominicana.

Incluso existe un detalle histórico que me parece particularmente interesante.

Ramón Orlando también trabajó junto a Juan Luis Guerra durante los primeros años de la carrera de este último, incluyendo trabajos relacionados con los arreglos de Mudanza y acarreo.

Cuando uno observa ese tipo de conexiones comienza a comprender que la historia de la música dominicana no está formada por carreras completamente independientes.

Los grandes maestros también se encontraron.

Trabajaron juntos.

Aprendieron unos de otros.

Y terminaron construyendo una época.

La Orquesta Internacional

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Pero Ramón no se quedó detrás de los demás.

También construyó su propio sonido.

La Orquesta Internacional se convirtió en uno de los proyectos fundamentales de su carrera y en otra demostración de su capacidad para entender la música popular.

Ahí encontramos al Ramón Orlando líder.

Al cantante.

Al pianista.

Al compositor.

Al director.

Y al arreglista.

Temas como “No hay nadie más”, “Las mil maneras”, “Bailando” y “Loco de amor” forman parte de una producción que demuestra algo que siempre he considerado particularmente difícil: tener conocimiento musical sin perder la conexión con el público.

Porque una canción puede ser técnicamente extraordinaria.

Pero si no conecta, probablemente no trascienda.

Ramón consiguió ambas cosas.

Conocimiento y popularidad.

De Cuco a Ramón... y de Ramón a otra generación

Existe además un componente familiar que me parece hermoso dentro de esta historia.

Cuco Valoy representa una generación.

Ramón Orlando representa otra.

Y posteriormente aparece una nueva generación de la familia Valoy vinculada también a la música.

Es una especie de cadena.

El conocimiento pasa de una generación a otra.

Cambian los sonidos.

Cambian las épocas.

Cambian las formas de consumir música.

Pero permanece el apellido.

Y permanece la música.

Eso también es legado.

No únicamente conseguir éxitos durante una época determinada, sino lograr que aquello que aprendiste pueda continuar después de ti.

 

 

 ¿Y Juan Luis Guerra?

 

Juan Luis Guerra 4.40 | Spotify

Ahora bien.

Si me preguntaran quién considero el músico popular dominicano más completo, personalmente tendría que colocar un nombre por encima.

Juan Luis Guerra.

Y quiero dejar clara una cosa.

Eso no disminuye absolutamente en nada lo que representa Ramón Orlando.

Todo lo contrario.

Para mí, guardando las enormes distancias y entendiendo que comparar artistas siempre tiene un componente subjetivo, Ramón Orlando solamente es superado por Juan Luis Guerra cuando observo la dimensión global de sus respectivas carreras.

Juan Luis consiguió algo extraordinariamente difícil.

Tomó sonidos profundamente dominicanos y los llevó al mundo.

Merengue.

Bachata.

Salsa.

Son.

Balada.

Jazz.

Fusiones.

Elementos afrocaribeños.

Y una capacidad extraordinaria para combinar música popular con una formación musical sofisticada.

Su impacto internacional, sus premios y la influencia que ha tenido sobre la percepción de la música dominicana fuera de nuestras fronteras lo colocan, desde mi punto de vista, en una categoría prácticamente aparte.

Pero precisamente por eso mi valoración sobre Ramón Orlando adquiere todavía más peso.

Porque si después de Juan Luis Guerra tengo que pensar en uno de los músicos populares dominicanos más completos, mi respuesta probablemente sería Ramón Orlando.

No solamente por lo que cantó.

Sino por todo lo que construyó para que otros pudieran cantar.

El arte invisible del arreglista

Muchas veces hablamos del compositor y del intérprete.

Pero pocas veces nos detenemos suficientemente en el arreglista.

Y quizás deberíamos hacerlo.

El arreglista puede transformar completamente una canción.

Puede recibir una melodía relativamente sencilla y convertirla en algo extraordinario.

Decide silencios.

Entradas.

Instrumentos.

Tonalidades.

Dinámicas.

Armonías.

Y muchas veces termina definiendo aquello que nosotros reconocemos como el “sonido” de una canción.

Por eso considero que Ramón Orlando merece ser estudiado no solamente como una estrella del merengue.

También como uno de los grandes arquitectos de la música popular dominicana.

Porque existen artistas cuyo legado podemos medir contando sus éxitos.

Pero existen otros cuyo legado resulta mucho más difícil de calcular.

Para medir el de Ramón habría que revisar también los éxitos de los demás.

Las canciones que arregló.

Los artistas para quienes compuso.

Las producciones en las que participó.

Los músicos sobre los que ejerció alguna influencia.

Y las generaciones que crecieron escuchando un sonido que, directa o indirectamente, llevaba algo suyo.

Por eso regreso a la pregunta con la que comencé.

 

¿Es Ramón Orlando el mejor arreglista popular de República Dominicana?

No pretendo tener una respuesta definitiva.

La música no funciona como una competencia deportiva donde simplemente miramos el marcador.

Ahí aparecen otros maestros, otras escuelas y otros nombres con argumentos suficientes para entrar en la discusión.

Pero personalmente sí tengo una respuesta.

Ramón Orlando tiene que estar sentado en esa mesa.

Y probablemente muy cerca de la cabecera.

Porque cuando una persona puede cantar, componer, producir, tocar, dirigir y, además, ayudar a construir el sonido de cientos —o miles— de canciones de otros artistas, ya no estamos hablando únicamente de un cantante exitoso.

Estamos hablando de un músico.

De un maestro.

Y, sobre todo, de una parte importante de la historia de la música dominicana.

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