(Serie medios de comunicacion) ¿Existe el programa de televisión perfecto?

 


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 Por: Daniel Jiménez 

 

Durante décadas, productores, ejecutivos de televisión y comunicadores han perseguido una misma meta: crear el programa perfecto.
La pregunta, sin embargo, sigue siendo la misma.
¿Existe realmente?
En lo personal, creo que no.
No existe una fórmula universal capaz de garantizar el éxito absoluto, porque la televisión, al igual que cualquier otra manifestación artística y comunicacional, depende de algo imposible de medir con exactitud: los gustos del público.
Sin embargo, sí existen elementos que, cuando logran combinarse correctamente, convierten un programa en una experiencia capaz de permanecer durante años en la memoria de los espectadores.
En República Dominicana tuvimos ejemplos muy claros.
Programas como El Gordo de la Semana, conducido por Freddy Beras Goico, y Sábado de Corporán, encabezado por Rafael Corporán de los Santos, trascendieron el simple entretenimiento para convertirse en espacios que reunían concursos, música, humor y, sobre todo, un profundo compromiso social con los sectores más necesitados. 

📺 El Gordo de la Semana no fue solo un programa de televisión. Fue una escuela, un escenario y un reflejo del país. Creado y conducido por Freddy Beras-Goico, este espacio dominical marcó a ...


El Gordo de la Semana (1973)


 

No eran producciones perfectas.

Color Visión prepara un gran homenaje a Corporán de los Santos - Diario Libre

Sábado de Corporán (1988)
 

 Sábado de Corporan [Musiquita] 1998

 

Pero entendían perfectamente a quién le hablaban.
Y eso, probablemente, sea mucho más importante.
A partir de esas experiencias he llegado a la conclusión de que un gran programa de televisión debe cumplir varios objetivos al mismo tiempo.
Debe informar cuando corresponda.
Debe entretener.
Debe aportar conocimientos.
Debe sorprender.
Y, sobre todo, debe evitar caer en la monotonía.
Uno de los mayores errores que puede cometer cualquier producción es repetirse constantemente.
Cuando los contenidos, las dinámicas o incluso los invitados comienzan a parecer los mismos semana tras semana, el espectador termina perdiendo el interés.
La televisión necesita renovarse de manera permanente.
Otro aspecto que considero fundamental es la producción.
Muchas veces el público recuerda a los presentadores, pero detrás de cada emisión existe un equipo encargado de investigar, planificar, coordinar y convertir una idea en un producto atractivo para millones de personas.
Una buena producción rara vez se improvisa.
También considero importante que un programa encuentre el equilibrio entre cantidad y calidad.
Siempre me han llamado la atención los espacios de larga duración cuando saben aprovechar el tiempo. No porque duren varias horas son necesariamente mejores, sino porque tienen la posibilidad de ofrecer una programación más variada: entrevistas, concursos, música, reportajes, segmentos educativos, humor y participación del público.
Cuando ese tiempo se utiliza correctamente, el espectador difícilmente siente que está viendo un contenido repetitivo.
Pero la duración, por sí sola, no garantiza el éxito.
De nada sirve un programa extenso si carece de contenido.
La calidad siempre debe imponerse sobre la cantidad.
Por esa razón también valoro las producciones que demuestran que no es necesario permanecer varias horas al aire para dejar una huella.
Programas de cultura general como Qué Chévere es Saber son una muestra de que un formato más compacto también puede informar, entretener y despertar la curiosidad del público mediante contenidos cuidadosamente seleccionados. 

¿Klk familia? 😉 Aquí te tenemos el plan de tú sábado, 👉🏼 ¡Qué Chévere es Saber! el gozo y mucho saber asegurado ¡ay! si 🫶🏼 , Sintoniza a las 2:00 PM @colorvisionc9
En el ámbito internacional ocurre algo similar.
Espacios como Despierta América han logrado mantenerse vigentes durante años gracias a una combinación equilibrada de información, entretenimiento, entrevistas y actualidad, adaptándose constantemente a las nuevas formas de consumir televisión. 
Después de observar durante años la televisión dominicana e internacional, cada vez estoy más convencido de que el programa perfecto no depende únicamente de un gran presupuesto, de una escenografía moderna o de figuras reconocidas.
Depende de algo mucho más difícil de construir.
Una identidad propia.
Cuando un programa sabe quién es, conoce a su audiencia y ofrece contenido de calidad sin perder su esencia, tiene muchas más posibilidades de permanecer en el tiempo.
Quizás la televisión nunca encuentre el programa perfecto.
Pero mientras existan producciones capaces de informar, entretener, educar y generar un impacto positivo en la vida de las personas, seguirá existiendo una razón para encender el televisor.
Porque, al final, la mejor televisión no siempre es la que consigue más audiencia.
Muchas veces es la que consigue permanecer en la memoria de quienes la vieron. 

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