Los secretos de la mente millonaria: aprender a administrar antes de tener más
No se trata solamente de cuánto dinero ganamos, sino de cuánto conservamos, cómo lo administramos y qué hacemos para lograr que crezca.
Por: Daniel Jiménez
Hablar de dinero siempre resulta interesante. Todos queremos ganar más, vivir mejor, ahorrar, invertir y, eventualmente, alcanzar cierto nivel de tranquilidad económica. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a pensar que aumentar nuestros ingresos no necesariamente significa aumentar nuestra riqueza.
Podemos ganar más y gastar más. Podemos recibir un aumento de sueldo y, pocos meses después, sentir que estamos exactamente en la misma situación. Podemos obtener un ingreso extraordinario y verlo desaparecer sin siquiera comprender exactamente en qué lo utilizamos.
Precisamente alrededor de esa realidad gira buena parte de Los secretos de la mente millonaria, de T. Harv Eker, un libro que, más allá de hablar sobre hacerse rico, plantea algo mucho más interesante: nuestra situación financiera está estrechamente relacionada con nuestra manera de pensar y administrar el dinero.
El patrón del dinero
Una de las ideas centrales de Eker es lo que denomina nuestro “patrón del dinero”.
Desde pequeños escuchamos frases relacionadas con la economía: “el dinero no crece en los árboles”, “hay que trabajar demasiado para ganar dinero”, “los ricos son avaros”, “eso es para gente con dinero”, entre muchas otras.
También observamos la manera en que nuestros padres y familiares administran sus ingresos. Vemos si ahorran, si gastan todo lo que reciben, si hablan constantemente de deudas, si invierten o si el dinero se convierte en motivo permanente de preocupación.
Sin darnos cuenta, vamos construyendo nuestra propia relación con él.
Eker lo resume mediante una secuencia bastante sencilla:
Pensamientos → sentimientos → acciones → resultados.
Por eso, cambiar nuestra situación económica no depende exclusivamente de aumentar los ingresos. También tenemos que modificar determinados comportamientos.
Porque alguien puede duplicar su salario y continuar sin ahorrar absolutamente nada.
Ganar más no necesariamente significa ser más rico
Este es probablemente uno de los puntos que más llaman mi atención.
Solemos medir el éxito financiero de una persona por lo que gana. Sin embargo, existe una diferencia enorme entre ingresos y patrimonio.
Una persona puede ganar RD$200,000 mensuales y gastar RD$210,000. Otra puede ganar considerablemente menos, pero ahorrar e invertir disciplinadamente todos los meses.
¿Quién está realmente construyendo una mejor situación financiera?
Eker propone observar no solamente los ingresos, sino también los activos, las inversiones, los ahorros y las deudas.
En otras palabras, la pregunta no debería ser únicamente:
¿Cuánto gano?
También deberíamos preguntarnos:
¿Cuánto de lo que gano permanece conmigo y cuánto de ese dinero está produciendo más dinero?
Las seis cuentas: una fórmula sencilla para administrar el dinero
Una de las enseñanzas más conocidas del libro es precisamente su método para distribuir los ingresos.
Eker propone separar cada ingreso recibido de la siguiente manera:
55% para necesidades básicas y gastos fijos.
Aquí entran vivienda, alimentación, transporte, servicios, compromisos económicos y los gastos necesarios para mantener nuestra vida cotidiana.
10% para libertad financiera e inversiones.
Probablemente esta sea la cuenta más importante de todo el sistema. Ese dinero no está pensado para gastarse, sino para convertirse en activos capaces de producir nuevos ingresos.
10% para ahorro a largo plazo.
Puede utilizarse para emergencias, proyectos, una vivienda, un vehículo, un viaje o cualquier objetivo importante que requiera planificación.
10% para educación.
Libros, cursos, capacitaciones y cualquier herramienta que contribuya al crecimiento personal y profesional.
10% para diversión.
Sí, también hay que disfrutar el dinero. Eker entiende que un sistema financiero excesivamente restrictivo difícilmente será sostenible durante toda la vida.
5% para dar.
Donaciones, regalos, ayudas o contribuciones a otras personas y causas.
Simplificando la fórmula:
55% vivir + 20% construir el futuro + 10% aprender + 10% disfrutar + 5% dar.
Ahorrar no es lo mismo que invertir
Esta distinción me parece fundamental.
Muchas veces utilizamos ambas palabras como si significaran exactamente lo mismo.
No es así.
El dinero ahorrado tiene normalmente un propósito futuro. Podemos acumularlo durante meses o años y eventualmente utilizarlo para adquirir algo.
El dinero destinado a libertad financiera tiene otra misión:
producir más dinero.
Es ese famoso concepto de poner el dinero a trabajar para nosotros.
Supongamos que una persona recibe RD$50,000 mensuales. Aplicando literalmente la fórmula del libro, RD$27,500 serían para necesidades; RD$5,000 para inversión; RD$5,000 para ahorro; RD$5,000 para educación; RD$5,000 para diversión y RD$2,500 para dar.
Naturalmente, la realidad económica de cada persona es diferente y esos porcentajes pueden resultar difíciles de aplicar exactamente. Lo verdaderamente valioso está en comprender el principio:
separar antes de gastar.
Porque normalmente hacemos exactamente lo contrario.
Cobramos, gastamos y después pensamos:
“Voy a ahorrar lo que sobre”.
Y demasiadas veces no sobra nada.
Hacer que el dinero trabaje para nosotros
Aquí aparece otro de los grandes conceptos del libro.
Durante buena parte de nuestra vida seguimos una secuencia:
Trabajo → ingreso → consumo → trabajo → ingreso → consumo.
Dependemos continuamente del próximo salario.
Eker propone desarrollar progresivamente otra:
Trabajo → ingreso → ahorro → inversión → rendimiento → reinversión.
Al principio los resultados pueden parecer pequeños. Pero ahí entra uno de los elementos más poderosos de las finanzas: el tiempo.
Una inversión que genera rendimientos y cuyos beneficios son reinvertidos comienza lentamente a producir crecimiento sobre el propio crecimiento anterior.
Y ese proceso, repetido durante años, puede convertirse en patrimonio.
La libertad financiera como verdadero objetivo
Ser millonario puede parecer el objetivo que plantea el título del libro, pero considero mucho más interesante otro concepto desarrollado alrededor de sus enseñanzas: la libertad financiera.
¿Cuánto dinero necesitas mensualmente para vivir?
Imaginemos RD$60,000.
Ahora supongamos que, después de años construyendo activos, inversiones o negocios, esos activos producen RD$60,000 mensuales.
En teoría, has llegado a un punto en el que trabajar deja de ser una obligación exclusivamente económica.
Puedes continuar trabajando, naturalmente, pero existe una diferencia enorme:
trabajas porque quieres seguir produciendo y creciendo, no exclusivamente porque necesitas sobrevivir hasta el próximo salario.
Ese debería ser uno de los grandes objetivos de cualquier planificación financiera.
Pensar en grande, pero comenzar pequeño
Otro aspecto interesante de Los secretos de la mente millonaria es que Eker no limita su planteamiento al dinero.
Habla también sobre oportunidades, miedo, aprendizaje, relaciones y crecimiento personal.
Propone dejar de concentrarnos exclusivamente en los obstáculos y comenzar a identificar oportunidades.
Habla sobre la importancia de rodearnos de personas con mentalidad positiva y ambiciosa.
Defiende aprender a promocionar nuestro trabajo, porque podemos tener muchísimo talento, pero si nadie conoce lo que hacemos, difícilmente podremos convertirlo en oportunidades.
También plantea una reflexión particularmente importante para cualquier profesional o emprendedor: nuestro crecimiento económico no puede depender eternamente de intercambiar exclusivamente tiempo por dinero.
El tiempo tiene un límite.
Por eso aparecen los negocios, las inversiones, las comisiones, la propiedad intelectual y otras fuentes de ingresos capaces de ampliar nuestra capacidad económica.
El miedo también forma parte del proceso
Emprender, invertir o tomar determinadas decisiones económicas siempre implica cierto grado de incertidumbre.
Esperar a que desaparezca completamente el miedo puede significar esperar para siempre.
Eker sostiene que las personas exitosas también sienten temor. La diferencia está en desarrollar la capacidad de actuar a pesar de él.
Naturalmente, esto no significa tomar decisiones irresponsables. Significa estudiar, prepararse, medir riesgos y entender que ninguna oportunidad importante viene acompañada de garantías absolutas.
Administrar RD$1,000 antes de administrar RD$1,000,000
Quizás esta sea la enseñanza con la que personalmente resumiría todo el libro.
Muchas veces pensamos:
“Cuando gane más, comenzaré a ahorrar”.
“Cuando tenga mucho dinero, invertiré”.
“Cuando mis ingresos aumenten, organizaré mis finanzas”.
Pero probablemente estemos colocando la ecuación al revés.
Si no desarrollamos el hábito de administrar correctamente una cantidad pequeña, nada garantiza que automáticamente sepamos administrar una cantidad considerablemente mayor.
Por eso el verdadero aprendizaje comienza ahora.
No importa si inicialmente podemos invertir un 10%, un 5% o incluso una cantidad mucho menor. Crear el hábito puede ser más importante que la cantidad inicial.
Porque eventualmente nuestros ingresos pueden aumentar.
Y cuando llegue ese momento, estaremos preparados.
Una mentalidad que trasciende el dinero
Después de analizar Los secretos de la mente millonaria, entiendo que su mayor enseñanza no consiste en descubrir una fórmula mágica para hacerse rico.
No existe.
Su verdadero aporte está en obligarnos a mirar nuestra relación con el dinero desde otra perspectiva.
¿Cuánto gastamos?
¿Cuánto ahorramos?
¿Cuánto invertimos?
¿Estamos construyendo activos?
¿Dependemos completamente de nuestro próximo ingreso?
¿Estamos aumentando nuestros conocimientos?
¿Estamos utilizando el dinero únicamente para consumir o también para construir?
Son preguntas que cada persona tendrá que responder de acuerdo con su propia realidad.
Porque probablemente la verdadera diferencia entre simplemente ganar dinero y construir patrimonio comienza precisamente ahí.
No necesitamos esperar a tener una fortuna para desarrollar hábitos financieros.
Necesitamos desarrollar los hábitos que, con disciplina, educación, tiempo y oportunidades, pueden permitirnos construirla.
Y quizás esa sea la verdadera esencia de la mente millonaria:
aprender a administrar lo que tenemos hoy mientras construimos las condiciones para tener más mañana.
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